Aunque no se suele reconocer, los procesos que se emplean para fabricar un medicamento influyen directamente en el cuerpo. Por ejemplo la raíz de jengibre (Zinigber officinalis) se puede comer fresca o seca, como polvos o cápsulas, en té o tintura, o procesada como extracto concentrado.

De una forma sencilla, pero significativa, cada proceso extrae una muestra diferente de los sustancias químicas de la planta, lo que se conoce como principio activo.

El jengibre contiene resinas antisépticas que se disuelven mal en el agua, por lo que el té de jengibre casi no contiene resinas; sin embargo, una tintura de jengibre hecha con un 90% de alcohol (etanol) las puede extraer, por eso tiene una mayor actividad antiséptica.

En la vida diaria, más o menos lo mismo se puede aplicar al café. Las máquinas de expreso fueron diseñadas para extraer el máximo de sabor y, contrariamente a la creencia popular, bajos niveles de cafeína. Por el contrario, las cafeteras eléctricas extraen niveles mucho mayores de cafeína, y el calor continuo destruye la mayor parte del sabor (se cree qeu este café no es sano).